jueves, 28 de mayo de 2009



Mi secreto

¿Mi secreto? ¡Es tan triste! Estoy perdido


de amores por un ser desaparecido,


por un alma liberta,


que diez años fue mía, y que se ha ido...


¿Mi secreto? Te lo diré al oído:


¡Estoy enamorado de una muerta




¿Comprendes -tú que buscas los visibles


transportes, las reales, las tangibles


caricias de la hembra, que se plasma


a todos tus deseos invencibles


- ese imposible de los imposibles


de adorar a un fantasma?




¡Pues tal mi vida es y tal ha sido


y será!


Si por mí sólo ha latido


su noble corazón, hoy mudo y yerto,


¿he de mostrarme desagradecido


y olvidarla, no más porque ha partido


y dejarla, no más porque se ha muerto?


lunes, 25 de mayo de 2009


Amado Nervo
(1870-1919)


Amado Nervo nació en Tepic, México, en 1870. Era un escritor fino y elegante, con ese aspecto de hombre reservado y soñador que por mucho tiempo identificó a los poetas.
Aunque se le conoce sobre todo por su poesía, Nervo escribió, también, muchos cuentos, donde hablaba limpiamente y con sencillez.
Este autor mexicano se llamaba en realidad José Amado, pero prefirió firmar con el nombre de su padre todo lo que escribió, desde los primeros artículos que desde muy joven enviaba a los periódicos y revistas.
Tuvo de joven intenciones de ser cura, pero luego encaminó su actividad a la diplomacia y representó a su país en Argentina, España, Uruguay y Paraguay.
Un periódico lo envió a la Exposición de París de 1900, para que desde allí enviara noticias y entonces conoció a un bella muchacha, Ana Cecilia. Se amaron diez años, hasta que ella murió y él le dedicó su más famoso libro: La amada inmóvil. Allí en París también se encontró con Rubén Darío, el representante máximo del modernismo.
En el año 1919, Amado Nervo murió en Montevideo, Uruguay.
Estas son algunas de sus impotantes obras:


El retorno

El torbellino

En el camino

En Panne

En paz

Envío

Espacio y tiempo

Expectación

Éxtasis

Gratia plena


El día que me quieras


El día que me quieras tendrá más luz que junio;

la noche que me quieras será de plenilunio,

con notas de Beethoven vibrando en cada rayo

sus inefables cosas, y habrá juntas más rosas

que en todo el mes de mayo.

Las fuentes cristalinas


irán por las laderas


saltando cristalinas


el día que me quieras.



El día que me quieras, los sotos escondidos

resonarán arpegios nunca jamás oídos.

Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras

que hubo y habrá en el mundo serán cuando me

quieras.

Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,

luciendo golas cándidas, irán las margaritas

por montes y praderas,

delante de tus pasos, el día que me quieras...

Y si deshojas una, te dirá su inocente

postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!


Al reventar el alba del día que me quieras,

tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,

y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,

florecerán las místicas corolas de los lotos.


El día que me quieras será cada celaje

ala maravillosa; cada arrebol, miraje

de "Las Mil y una Noches"; cada brisa un cantar,

cada árbol una lira, cada monte un altar.


El día que me quieras, para nosotros dos

cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.
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