
Amado Nervo
(1870-1919)
Amado Nervo nació en Tepic, México, en 1870. Era un escritor fino y elegante, con ese aspecto de hombre reservado y soñador que por mucho tiempo identificó a los poetas.
Aunque se le conoce sobre todo por su poesía, Nervo escribió, también, muchos cuentos, donde hablaba limpiamente y con sencillez.
Este autor mexicano se llamaba en realidad José Amado, pero prefirió firmar con el nombre de su padre todo lo que escribió, desde los primeros artículos que desde muy joven enviaba a los periódicos y revistas.
Tuvo de joven intenciones de ser cura, pero luego encaminó su actividad a la diplomacia y representó a su país en Argentina, España, Uruguay y Paraguay.
Un periódico lo envió a la Exposición de París de 1900, para que desde allí enviara noticias y entonces conoció a un bella muchacha, Ana Cecilia. Se amaron diez años, hasta que ella murió y él le dedicó su más famoso libro: La amada inmóvil. Allí en París también se encontró con Rubén Darío, el representante máximo del modernismo.
En el año 1919, Amado Nervo murió en Montevideo, Uruguay.
Estas son algunas de sus impotantes obras:
El retorno
El torbellino
En el camino
En Panne
En paz
Envío
Espacio y tiempo
Expectación
Éxtasis
Gratia plena
El día que me quieras
El día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus inefables cosas, y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo.
Las fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando cristalinas
el día que me quieras.
El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán arpegios nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me
quieras.
Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,
luciendo golas cándidas, irán las margaritas
por montes y praderas,
delante de tus pasos, el día que me quieras...
Y si deshojas una, te dirá su inocente
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!
Al reventar el alba del día que me quieras,
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,
y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de los lotos.
El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa; cada arrebol, miraje
de "Las Mil y una Noches"; cada brisa un cantar,
cada árbol una lira, cada monte un altar.
El día que me quieras, para nosotros dos
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.
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